El avión de Saint-Exupéry en los jardines de Quilmes

A metros de la autopista Buenos Aires-La Plata y en límite con el Río, en la localidad de Quilmes, una reliquia hsitórica es visitada por escolares y amantes de la aviación. Se trata nada menos que del avión, único ejemplar existente en el mundo, que hace por lo menos setenta años piloteó Antoine de Saint-Exupéry, de quien en junio próximo se recuerdan los cien años de su nacimiento. La máquina es un Latecoere-Late 25, de fabricación francesa, construído en 1928, con motor Renault de 450 HP, hélice Rapier de paso fijo. Pero lo más curioso: tras unos cuantos años de abandono, por fortuna, fue a parar al Area Material Quilmes, una dependencia de la Fuerza Aérea de doscientos y pico de hectáreas que se encargó de la reparación. El avión, uno de los primeros que fabricó la empresa francesa Latecoere, sobrevoló la Cordillera de los Andes y pisó suelo argentino por 1929 comandada por Antoine de Saint-Exupéry como Jerfe de Tráfico de la empresa Aeroposta. Con matrícula Nº F-AIEH, una velocidad máxima de 192 Km. por hora, autonomía de vuelo de 5 horas, 320 kg. de carga y capacidad de trasnporte de 4 pasajeros, el Late 25, fue a parar al Museo Nacional de Aeronáutica, donado por el doctor Ernesto Pueyrredón en nombre de la Sociedad General de Aviavión, en agosto de 1961. Pero la exhibición en el Museo y su exposición a la intemperie, perjudicaron a esta pieza de museo. Y por esas decisiones impensables, el avión fue a parar a manos privadas. Según cuenta el vicecomodoro Eugenio Luis Ongaro, del Area Material Quilmes, encargado de la restauración, "hace unos diez o quince años una empresa de aviación privada, no recuerdo cuál, lo trasladó hacia la zona de San Fernando para someterlo a los areglos necesarios para su manutención". El resultado: el avión volvió más roto de lo que estaba. Hace seis años que el Late 25 arribó a la dependencia de la Fuerza Aérea en Quilmes donde comenzaron a repararlo hace dos años atrás. La falta de presupuesto -eran necesarios 10.000 dólares para reacondicionarlo- demoró el trabajo que tras una larga espera finalmente se concretó. El avión luce pintado de su color original -gris platinado- y según cuenta el vicecomodoro Ongaro "se le cambió todo el tren de aterrizaje y hasta debimos colocarle nuevas ruedas, al igual que el entelado y el revestimiento de madera interno". Menos mal que por lo menos, al cumplirse cien años del nacimiento del autor de El Principito, a algunas personas grandes se les prendió la lamparita para rescatar y revalorizar semejante patrimonio. Porque, como nos contó el vicecomodoro Ongaro "cuando el avión llegó hasta aquí me dijeron que lo arregláramos y cuidáramos muy bien, que desde Francia habían hecho una oferta para comprarlo".

Por alumnos de 6º y 7º grados del Instituto Saint-Exupéry